4.1.07

La alergia del terrorista a la política

Foto tomada de www.elmundo.es
La bomba la puso ETA. A los dos ecuatorianos los ha matado ETA. Los cientos de personas que se han quedado sin coche (víctimas menores, pero también inocentes) están en esta situación por culpa de ETA. El descalabro económico que ha causado el destrozo en Barajas es responsabilidad de ETA.

Desde el atentado han sido innumerables las reacciones, contrarreacciones, comentarios, análisis, exabruptos… que se han formulado sobre las intenciones de los asesinos y su estrategia a partir de ahora. En ese maremágnum han tenido más peso las acusaciones entre demócratas y la insistencia en que la postura del otro es radicalmente errónea que la referencia a la única verdad objetiva que nadie, ni el miembro más exaltado de la AVT ni el más ingenuo y optimista del PSOE pueden discutir: los terroristas nos han engañado a todos, partidarios y detractores del proceso de paz, son asesinos y lo único que saben hacer es matar, han perdido la mejor oportunidad que han tenido en toda su historia para llegar a algún fin porque lo que les da vértigo no es matar a mil personas, sino la perspectiva de un futuro en el que no tengan nada por lo que matar, extorsionar o amenazar.

Los terroristas son terroristas, nada más, no saben hacer otra cosa. ¿A qué se dedica un terrorista cuando le dicen sus jefes que hay paz, que ya no tiene que vivir como un matón? Por muy miserable que uno sea (y ellos lo son de sobra), ¿qué conciencia es capaz de soportar las barbaridades que han hecho si le han quitado la referencia a la opresión de su pueblo, a su papel de libertadores y a su carácter heroico?

En el debate político, el PP puede seguir buscando motivos para criticar al Gobierno en los detalles más peregrinos y el PSOE puede insistir en recordar que Aznar también negoció, llamó a ETA ‘Movimiento de Liberación Vasco’ y nunca fue al Parlamento. ERC puede seguir haciendo el ridículo (como casi siempre) alabando lo que ETA ha aportado al proceso y todos pueden enzarzarse en discusiones eternas.

Pero desde esta óptica lo realmente grave es ver que Batasuna no cuenta, es un cero a la izquierda para ETA y no tiene fuerza ni liderazgo en ese mundo. Y lo peor no es eso, sino que encima secundan a los asesinos en sus barbaridades y no tienen el valor de rechazar públicamente la violencia. Los tristes Barrena, Álvarez, Díez Usabiaga o Permach son clones de las voces que la izquierda abertzale tenía hace ya 30 años: tratan de ocultar sus limitaciones políticas con una dialéctica farragosa, artificial y grandilocuente. Y a Otegi le falta carácter, valentía, liderazgo, cerebro y fuerza para ser, como soñaba, el Gerry Adams de este proceso.

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